El mundo moderno ha causado más daño al planeta y a sus habitantes que cualquier otro sistema social, político, económico, filosófico, teológico, científico… del pasado.
Los musulmanes no han participado de este orden, de manera voluntaria y consciente o involuntaria e inconsciente, ya que contradice la esencia de las enseñanzas del Islam.
Rompe la armonía de existencia y coexistencia con el otro, sea este lo divino, lo humano, o lo no humano.
El Islam solo volverá a florecer cuando el orden actual, ya caduco, se desintegre o pierda fuerza y aceptación.

Cuando los valores actuales sean reemplazados por otros.
De hecho, la grandeza de Al Andaluz, hasta ahora no ha sido rebasada por Europa.
La era dorada de Al Andaluz, sigue siendo lo más sublime de la cultura europea que el mundo ha conocido hasta la fecha.
Ya que sus niveles de tolerancia, el desarrollo humano, como individuo o colectivo, siguen siendo un ideal evasivo para la Europa actual.
La complicidad del ser humano con su creador supremo fue una parte intrínseca del ser Andaluz.

Europa se encuentra hoy sumida en la arrogancia del Ateísmo.
Pensamiento que la rebaja a una existencia terrenal, limitada y limitante.
Sumida en una visión egoísta, eurocéntrica, que la lleva a la destrucción del otro y con ello a la suya propia.
La visión del Islam se centra sobre un creador AL-LAH, DIOS, seguido en importancia, en cuanto a nosotros los terrícolas nos compete; el ser humano.
La grandeza de la civilización Islámica es que tiene como protagonistas a AL-LAH y al ser humano.

Y sobre este fundamento esencial se yergue una civilización insuperable, excepto por un pensamiento que con lleve los mismos ingredientes que formaron parte del tejido epistemológico y ontológico de Al Andaluz. Ingredientes que solo se pueden encontrar en el baúl de los tesoros del Islam.
Mientras que la cultura occidental pretende encontrar su realización solo si logra deshacerse de la existencia de lo único real, AL-LAH; mientras atropella y menosprecia al ser humano.

Poniendo como único propósito de su existencia un materialismo rabioso. Reemplazando lo irreemplazable a Al-lah y al ser humano.
La materia, en tanto que lo tangible, se convierte en el becerro que representa la idolatría a lo material. Un dios conceptual creado por el mismo ser humano.
El materialismo es entonces la religión de las culturas occidentales (judío/cristianas) que han corrompido, a través de su actual dominio cultural, político, económico, militar, etc. todas las culturas o pueblos que difieren de esta visión materialista de la existencia humana y propósito.

Llevando a toda la humanidad a un declive y a un pseudo progreso basado en crecimiento material, mientras se desvaloriza lo intangible divino, espiritual, humano.
El ser humano como tal se encuentra, hoy en día, en su momento de mayor decadencia.
En tanto como humanos y aquello que nos define como tales, estamos viviendo nuestra etapa más oscura.

La ciencia y cultura que se desarrolla bajo el principio del crecimiento del ser humano como tal y acercamiento a su creador, por ejemplo, Al Andaluz, es muy diferente de una ciencia y cultura dirigida a la adquisición de bienes materiales, es por consecuencia, esto último, intrínsecamente negativo y nocivo para el desarrollo espiritual, salud mental e integridad física del ser humano y por extensión de todo el planeta, del cual somos responsables.

Esta perspectiva explica un orden mundial cargado de tantas injusticias sociales y disparidades económicas inimaginables. Es en este nuevo orden mundial, que no solo se puede concebir, sino que materializar la creación en laboratorio de virus capaces de arrasar con gran parte de la humanidad. Es en este mundo que se autoproclama civilizado que se gesta la concepción de armas de destrucción masiva. La destrucción y explotación del planeta en su totalidad, donde todo aquello que habita en él, está amenazado.

Como colectivo humano hemos, por primera vez, alcanzado la irónica capacidad de poder destruir todo el planeta y todo lo que existe en él.
Algo sin precedentes, irracional, en nombre de un pensamiento que se auto concibe lucido, racional y coherente.
La incredulidad se ha convertido en sinónimo de sensatez y cordura.
Los musulmanes añoramos la perdida de Al Andaluz, porque por desgracia, en el consciente colectivo contemporáneo se percibe que el poder, hoy por hoy, se centra y surge desde Europa.
Vivimos una cultura dominantemente europea, dado que es ahí o desde ahí, el lugar geográfico, que concebimos como sede del poder en la actualidad. Realidad que está cambiando rápidamente con el surgimiento de Asia como nuevo centro de poder.
No olvidemos que Europa, en el pasado, ha sido un lugar olvidado y secundario.
Si tan solo comparamos la permanencia y dominio cultural de Al Andaluz de 8 siglos y por extensión del Islam de más de 13 siglos contra la cultura europea de 5 siglos podemos ver su insignificancia en el lienzo desplegado de la historia de la humanidad.

El Islam conquisto pueblos y territorios con culturas mucho más trascendentes, como los persas y la mayor parte de sus territorios. El norte y centro de África, cuna de culturas milenarias. El medio oriente y los territorios de la antigua Mesopotamia. Gran parte de Asia, lugar donde se gesta el nuevo eje de poder mundial, de hecho, la mayor población musulmana se encuentra en esta región, Indonesia; La India; la actual Turquía. No debemos olvidar la inmersión de los mongoles al Islam, un hecho sin precedentes, donde el invasor adopta la religión de un pueblo invadido. Buena parte de Europa oriental; y la lista puede continuar. Pueblos que hasta hoy siguen siendo musulmanes, y que su conquista fue más por convicción que de imposición. Hecho contrario como es el caso del cristianismo europeo que se expande con violencia, enajenando a otros pueblos no considerados lo suficientemente blancos o europeos, hecho que conocemos de primera mano en Latinoamérica.

La pérdida del Andaluz, fue más una pérdida para la retrograda Europa de ese entonces, que para el mundo islámico per se. Dado que mientras una luz se apagaba en Al Andaluz, otra empezaba a brillar en Estambul y Nueva Delhi.
De hecho, Europa logra salir del oscurantismo en que se encontraba
gracias al legado dejado por lo los musulmanes de Al Andaluz.
Como siempre ha sido con todos los pueblos del mundo que son tocados por la luz del Islam. Los pueblos crecen como las flores que son bañadas con la lluvia y la luz del sol, y muchos alcanzaron la cúspide de su crecimiento i.e. Bagdad, Cairo, Estambul, La India, Damasco, Al Andaluz, etc.
Todo lo contrario sucede cuando un pueblo es invadido por Europa, es entonces cuando dichos pueblos caen en la más profunda destrucción en todo el sentido de la palabra. El legado europeo son el oscurantismo, las cruzadas, la inquisición, la explotación. Mecanismos intolerantes, de destrucción y saqueo, que conocieron los Aztecas, Mayas e Incas. Pueblos cuya civilización fue apagada indefinidamente tras las invasiones europeas.

Hoy en día todos los pueblos del mundo, independientemente de sus bases culturales, están contaminados por la enfermedad fatal del ateísmo materialista.
No será, sino, hasta que los seres humanos reconozcan la existencia de AL-LAH y la trascendencia de la existencia humana como los protagonistas, califas, de este planeta y del humano como tal en tanto que su parte NAFSIDICA-espiritual; que aun después que el alma haya abandonado su cuerpo, para que este vuelva a la tierra, su mente deje atrás un legado meramente terrenal; y sepan que su NAFS (alma) continuara un recorrido más allá de su existencia terrenal que corre al reencuentro con su Señor. Solo entonces, la civilización humana podrá realizarse y vivir en este planeta plenamente.

Un mundo de justicia, paz, igualdad, tolerancia y lo más importante, la posibilidad de un crecimiento en tanto que humano que lleve al individuo y a la colectividad que viva bajo esta estructura, a su real plenitud.
La realización de su verdadera naturaleza, su humanización, como un verdadero Abdullah-siervo sometido únicamente a AL-LAH.

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